Yenn, Tribeca y unos le

Me parece que con Yenn, la vida entendía que debía conocerla con cierta prontitud. Es de mis amistades que NYC me ha regalado y nuestro encuentro se puede ir trazando por Ralph, de las primeras partes del hilo conductor. Es quien me presenta a Sarah, que a la vez es mi amiga en común con Salvador, un querido amigo de años atrás. Apenas dos semanas después de conocer a Sarah, Salvador y yo habíamos quedado para irnos de rumba al Time Warp. Llega el día y antes llegar al evento, hacemos una parada de calentamiento en casa de sus amigos, y allí me encuentro a Sarah de nuevo, con sus amigos, que incluía a Yennifer. El resto es una linda historia. 

Si encuentran esta introducción con mucho detalles, disculpen, pero es que en honor a mi fascinación por las bellas casualidades de la causalidad del destino, me encanta reconocer y honrar el hecho de que nos vamos cruzando con lo que se nos ha atribuido para nuestras vidas. Y pendientes, porque hay unos cuantos más de estos haciendo presencia en el escrito. 

Esto de ir al Time Warp fue ya hace un tiempo y aunque la pasamos inolvidablemente bien, fue el primer y único evento que Yen y yo compartimos después de conocernos. Funcionó tan bien que seguimos con una presencia virtual en nuestras respectivas vidas, enviándonos cariño a través de memes, intentos de planes para otro corito o celebración de cumpleaños, y estar al día con preguntas de: ¿cómo vas?, etc. La vida en NYC puede ser cabrona. 

Siguiendo lo que había percibido, decidí invitarla a explorar para ustedes dos cosas que tenía seguro ella ama: canabis y NYC. Así empieza nuestro recorrido por partes de una ciudad que te llama fotografiarla y vivir sus singularidades, en este vecindario hermoso como lo es Tribeca, y aprovechando que recientemente celebró un logro histórico al considerar legal la marihuana, contando con espacios abiertos para su disfrute, como el restaurante que visitamos, High Garden. 

High Garden

High Garden, localizado en la 452 Washington St, New York, se describe como “una experiencia de estilo de vida holístico y botánico, donde se cruzan la gastronomía, la mixología y el bienestar”. Aquí se consume abiertamente la marihuana y han creado el espacio y han asegurado la comodidad para poder hacerlo con la mente tranquila. Nos sentamos en una de las mesas estilo rústico y sencillo que se encuentran en fila; la que llevaba una vela blanca. Esta parte del restaurante se encuentra a la mano izquierda al entrar, y esta zona la considero más tranquila, con una presencia de luz más marcada aunque bastante tenue todavía; un poco diferente a su área del lounge. Nos llega la mesera y nos acomoda con un cenicero, un utensilio para un dab cortesía de la casa y el menú especial de la noche, comida dominicana fusionada. 

Decidimos dar una vuelta por el restaurante. De colores tierra y pasteles en su decoración, con algunas paredes de bambú y plantas en sus alrededores, apuntan a visualizar su nombre; podrás notar esta ambientación pensada incluso desde la fachada. Los miércoles tienden a invitar compañías especializadas en productos de canabis y luego de hacer la vuelta, y ver los productos de Duty Free y Vitabuds, nos decidimos por esta última para comprar nuestros le. Compramos un pre enrollado denominado #23, una sativa envuelta en papel de coco. Recorremos la otra parte del espacio, su lounge que es un poco más oscuro, mesas para grandes grupos o parejas, más vegetación decorativa, y con el bar para los que quieren disfrutar de un trago o una bonga o los dos. Yen saca y prende, y así nos vamos caminando hasta nuestra mesa (momento en que se siente más las ventajas de este lugar). Nos sentamos, ahora prendo yo, y corren las historias para ponernos al día sobre el amor, cómo nos vamos manejando con él, y si los planes permitirán alguna mudanza, un poco más local en mi caso, y en el suyo, a otros estados. 

Alrededor de la marihuana es que inicia esta parte de la conversación entre nosotras. Noto que al igual que yo, Yenn es Dominicana, nacida en Estados Unidos pero criada en nuestra hermosa República Dominicana, y se topa con esta planta al inicio de su vida universitaria. Me dice que es de las personas que prefiere fumar en vez de beber alcohol, y le parece interesante qué tan normalizado el uno está sobre el otro. Me cuenta sobre su primera vez fumándola: “A mí me pasó cuando empecé en la universidad. Conocí a un grupo de personas a través de la música, ellos fumaban y yo me sentaba con ellos, y yo no fumaba. Yo los veía y decía: conchale, esto es normal, ellos son normales, la yerba no es algo tan mal, o sea, ellos están riéndose, yo estoy aquí con ellos, no hay nada peligroso que está pasando. Y en una digo: déjame probarla” (risas).

La curiosidad que le dio vida al gato, más bien, la lleva por un camino de autoexploración, santuario personal y sanación. Comenta que para entonces, común de esa etapa de la vida, sufría por conflictos internos y familiares, y que en la marihuana encontró un refugio, una amiga, como le acuñé luego de escuchar cómo describió su relación con ella. “Desde muy joven yo sufría de depresión, entonces cuando yo fumaba, yo no me sentía mal [..] en esa edad uno como que no quería estar en la casa y fumar un poquito me hacía sentir bien, y me abría ese lado creativo: me ponía a cantar, a tocar, entonces como que se hizo parte de mi…cuando algo te hace sentir bien tu lo quieres y lo quieres agregar a ti y más si te trae resultados positivos”.

Me hace recordar de mi camino con esta planta. Fue definitivamente un antes y después en mi vida. Al igual que Yen, me ayudó a soltarme y a sensibilizarme para mi y no para las expectativas sociales. Como pocas cosas y en forma única, me permitió relajarme, explorarme y entenderme, y aunque no la consume como antes ni es parte de mi rutina diaria, entiendo que trae consigo un beneficio para los muchos que nos hace bien. 

Volvamos a la mesa. Hemos decidido por nuestros platos. Aprovecho para decir que visitar en este día fue intencional y especial, pues la idea también fue apoyar a mis amigos de Chef for Higher que en colaboración con los Charo Bros Restaurant, celebraron a la República Dominicana con comida y bebidas fusionadas con marihuana, música, y decoración típica de nuestra tierra. Por cierto, y en honor a lo que dije en el principio, es por ellos que conozco de la existencia de High Garden. 

Entonces a la mesa. Nos llega lo que ordenamos. Yo me voy por unas pechurinas fritas, glaseadas con miel y con una base de finas batatas fritas; para beber un rico, morir soñando. En el caso de Yenn, para ella una yaroa de papas con queso, cubiertas de mayonesa y ketchup que entiende pudo haber sido de Victorina por lo bueno que estaba; lo acompañó con un refresco Country Club rojo. La comida estaba deliciosa, cayó ligero y dio en el toque para entonar nuestra fumada. 

Pechurinas glaseadas con miel y batatas
Morir soñando
Yaroa de papas con queso

La noche fue rica por muchos sentidos. En el fondo, Dj Louie Minaya ambientando con sabrosuras dominicanas que iban desde los clásicos de Oro Solido, canciones como ¿Por Qué Te Fuiste Dulce Amor? de Raquel Arias, y claro, El Alfa, que la verdad no debería de quedarse. Los chicos de Chef for Higher y Charo Bros Restaurant se la comieron con un menú y ambiente que nos elevó e hizo de la noche lo que andabamos buscando. Eventos temáticos como estos, así como brunch con djs de diferentes géneros, noches de micrófono abierto -un saludo a mi querida Melicious y sus evento Cann I Spark the Mic, son algunas de las chulerías que podrán encontrar en el High Garden. 

Seguimos conversando y hablamos un poco de los bad trips, contando yo de mi primera vez fumando en un ride y el caso de Yen, unos brownies que comió horas antes de un examen de cálculo. Hace el comentario de que la yerba también afecta, y aprovecho esta parte para halagarle el hecho de que en su caso parece que el amor no quita conocimiento, reconociendo que es importante el que cada quien conozca y entienda sobre sus limitaciones. 

Platicamos también sobre el estrés y lo complicado que es ser consumidor en un país como República Dominicana, donde es penalizado, criminalizado y visto mal moralmente. Lo contrarrestamos con este momento, donde se siente bien que podamos hablar tranquilas en un lugar público, sin preocupación alguna, como sucede cuando vamos a cualquier otro lugar a comer y a consumir alcohol. “Uno se siente más seguro. Es una cuestión de seguridad. El hecho de que sea legal también es más seguro, tu lo puedes comprar de una manera más segura, tu nunca sabes lo que te puede pasar con algo; comprar y poder elegir, y decir dame esto”, me expresa. 

Vamos girando hacia otros amores y caemos en NYC. Esta ciudad, nuestra ciudad natal, es de contrastes que nos lleva por los espectros del amor y el disgusto. Rápida, intensa, colorida y diversa. Tiene mucho. Y mucho a veces abruma. Ciertamente una jungla de concreto, con construcciones por doquier y un ritmo de vida que pudieran sofocar y a veces sentir que adherirnos a esta forma, es una práctica antinatural. Pero, ciertamente esta jungla trae un ecosistema intensamente bello, con una variedad de personalidades que la viven y le brindan los matices de su ser. Música en los vagones y plataformas del metro, gastronomía mundial, moda que nos evidencia el abanico de gustos que cargan las personas, y la lista continúa y continúa. “Es hermosa. NYC es como yo, un poco de todo”, me confiesa.  

La verdad que Yenn es como nos confiesa, de todo un poco. Tierna, fuerte y una muestra de lo que se describe con el adjetivo de preciosa. También andamos compartiendo creaciones. Hablamos de su cuenta en Twitch, donde con su amiga Stephanie transmitían en directo sus andanzas por la ciudad y conversaciones. Es también con Stephanie que ahora trabaja su nuevo proyecto, que me comenta con alegría -y que debo decir, señores, es mi primera exclusiva!!! “Se llama Las Hijas de Lilith, y es una tienda en línea donde tendremos velas temáticas, inciensos y cristales”. Ahora que lo pienso, me lo informa en la mesa con la vela blanca que eligió para sentarse. Me dice que por ahí viene mi invitación de su fiesta de lanzamiento, así que ustedes sepan también que pronto verán más de lo que esto se tratará. 

Ya va terminando la noche en High Garden. Comimos ricos, sonreímos rico, fumamos rico, y logré que disfrutaramos una bailadita de un sabroso merengue frente al espejo justo antes de irnos. Ya afuera nos topamos con la bella NYC cubierta por la noche y de una arquitectura que impresiona. En esta parte de Tribeca nos topamos con sus rascacielos y edificios coquetos, calles de adoquines, y padres de caninos haciendo sus rondas nocturnas. 

Noto que en lo que tuvimos viviendo, se nos hizo fácil no sacar el celular para tomar fotos, y por un comentario que logré escuchar, me parece que Yen también anda con la misión de estar lo más presente posible. Pero, al final nos dejamos arropar. Empezamos a fotografíar nuestro alrededores, a la noche y a sus criaturas. 

Tribeca

Ese día seguí viendo mis corazones que hace días he vuelto a reconocer y a apreciar en mis caminos; en mi plato acompañado de la bella bandera dominicana, en las decoraciones de las calles y esta, que aunque no lo vi, pero en como sentí mi corazón por este encuentro que lo puso más feliz, encuentro que se convirtió en mucho más de lo que pudiera haber imaginado. 

Disfruten de estas fotos que nos pasó Yen para compartirles ya que mi celular andaba como si se gobernara. 

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