Un adiós a los que fueron parte de mi infancia

Decidí poner los éxitos de Rubby mientras iba a la ducha, bien acongojada. Al poner su nombre en el buscador, me preguntaba si estaba bien esto, después de todo, la alegría de sus merengues que ponen en movimiento a cualquiera, era algo característico de su música y que tenía que esperar me pasara en ese momento. No sé si era el ambiente que andaba buscando. Pero ahí, entre dolores y rabia por lo ocurrido, mi corazón lo que quiso fue escucharle. Y de repente entendí aún más por qué por doquier, su música ha estado retumbando por esta ciudad.

Cuando empecé este escrito, ya habían pasado 4 días del trágico acontecimiento en el Jet Set Club, un lunes 8 de abril de 2025. El techo se desplomó y se precipitó al piso, con todo la fuerza de la gravedad, con toda la estupidez de haberle puesto peso extra de los aires acondicionados, compresores y demás, y con todo el peso de la negligencia enviciada, encima de los que allí frecuentaron la fiesta, cobrando la vida de 221 personas, dejando un centenar de heridos y un incontable número de corazones rotos que, directa o indirectamente, hemos sufrido este trago tan tan amargo. 

El Jet Set, discoteca emblemática de Santo Domingo, tenía su famoso “Lunes de Jet Set”, con música en vivo, convirtiéndose en un favorito para bailar merengues a mano de los mejores en el género. Con más de 50 años operando, recuerdo que cuando estaba en el colegio, me fastidiaba con dolor el hecho de que todos los merengueros que deseaba ver, se presentaran allí pero iniciando la semana. No eran edades para poder salir y mucho menos un lunes, así que solamente me tocaba escucharlos anunciar la activa cartelera. Nunca logré ir a uno de ellos, por cierto. 

Ya de adulta y por otras razones, pude visitar la famosa discoteca que tenía desde pequeña escuchando y viendo desde lejos ser anfitriona de muchos de mis artistas favoritos. Por allí pasaba la élite musical, los más grandes artistas usaban su tarima para encender la pista y el merengue tenía un escenario seguro. La pista de baile, recuerdo, era grande y con luces de colores que encendía en su piso. De película. Con techo alto y sin columnas en su centro, el lugar era un amplio espacio entre sus paredes para disfrutar, bailar, socializar entre las mesas y el bureo. Me da grima pensar que este lugar estaba muy lejos de cómo se vendían o como lo que una vez fue cuando yo era pequeña.

Esa noche tocaba en el Jet Set la voz más alta del merengue, Rubby Pérez. Tal era el prestigio del lugar y tanto era el cariño y admiración por Rubby, que el club estaba lleno con personas de diferentes estratos sociales, de variado rango de edad; quienes fueron en pareja, solos, con amigos, en caravanas desde otros pueblos de República Dominicana, con diversos motivos de celebración como estar recién retirados y de regreso a la isla o para ver el cantante que tanto escucharon en su tierra Venezuela. Pérez falleció allí.

Roberto Antonio Pérez Herrera, Rubby Pérez fue uno de los artistas más mencionados en mi niñez y juventud. Un pilar del merengue, Rubby dio los primeros pasos musicales en el Coro de la Sociedad de Orientación Juvenil y Los Juveniles de Baní en 1978. Fue parte de la orquesta del reconocido merenguero Wilfrido Vargas y luego emprendió vuelo como figura principal de su propio proyecto en 1987. 

Crecí con sus merengues. Tanto los escuchaba y bailaba, que no tan solo sus letras las aprendí a cantar con “el mismo” matiz, sino que hasta los arreglos instrumentales de algunas canciones me las memoricé y las tengo guardadas en mis tarareos. Sus éxitos “Volveré”, “El Africano”, «Enamorado De Ella», «Hazme Olvidarla» y «Sobreviviré», por mencionar algunos, son estampas en el legado musical dominicano. 

Fue un artista ícono del merengue quien rápidamente encontró su lugar en un momento y espacio liderado por otros grandes merengueros y merengueras. El acuñar ser la voz más alta del merengue viene de su gran colega y amigo Wilfrido Vargas. Cuenta Vargas que cuando decidió formar una banda buscaba que, entre los que fueron a audicionar, la voz más alta entre ellos grabara un tema que el merenguero tenía en visión. Rubby ganó esa encomienda y pasó a formar parte de su banda. 

Como embajador del merengue es de esperar que su paso por el programa de mi papá, Santo Domingo Invita, fueran paradas seguras. Me cuenta mi padre que Rubby dejó huellas imborrables en su corazón y en el del personal de SDI. Cuenta que no pasaba mucho tiempo sin que Rubby le dijera, con alegría en su rostro, que “Santo Domingo Invita es mío y yo de ustedes”. Me dice mi papá que está muy consternado, afectado y que pide a Dios que lo tenga en gloria. 

La ocasión más reciente en que vi a Rubby, me parece, fue hace dos años en La Casa del Mofongo, aquí en Nueva York. Luego de una noche de trabajo, terminamos en su show en este establecimiento que está tan solo una esquina de mi casa. Esa razón, en esta ocasión, no fue la mejor parte. La mejor parte fue que fui a verlo con mi querida colega Venezolana. Ella, como muchos Venezolanos, ama su música. Sentimiento al que Rubby le fue recíproco, considerando a Venezuela también como su tierra, a la que tanto amó y quien lo acogió como hijo propio. 

Logramos saludarlo y le contamos que mi colega es chama. Le dio un abrazo super efusivo, lleno de alegría, como bien lo denota la foto. No recuerdo lo que hablaron, pero recuerdo a Janny escribiéndole a su padre y madre contándole lo sucedido, a quien acaba de conocer. Me hace muy feliz el saber que se conocieron y hablaron dos mundos muy queridos para mí. 

Por eso también duele tanto, por eso es que por alguna vía tienen que salir tributos a él: en las esquinas, en las bodegas, en los pasillos de los apartamentos; no paso más de dos horas sin escuchar una canción de Rubby o que alguien lo mencione. 

Ayer, decidí tomar aire de toda la situación. Caminé y me preguntaba si me toparía con algo o alguien que también estuviera en medio de este luto. Ya finalizando y llegando a la casa, pensé que sería el primer día en que él no saliera a relucir. De camino al portón del edificio, se va acercando otro transeúnte que, sin yo entender bien si le hablaba a su madre o tía, logro escucharle decir: 

“Oye, y eso de Rubby? Era tu artista favorito!…Ay sí, que tragedia Dios mio… Yo recuerdo! Tu lo ponías mucho cuando yo era chiquita”. Era una videollamada y pude vislumbrar el rostro entristecido de la doña al otro lado de la llamada. 

Diferentes espacios en Washington Heights han encendido velones, llevado coronas y se han reunido para pasar juntos esta tragedia que ha afectado a tantos dominicanos y dominicanas. Hoy, una vigilia en nombre de todos los fallecidos fue llevada a cabo en Quisqueya Plaza, en Inwood. El asambleísta por el distrito 72, el  gobernador de NY, el comisario de transporte de NY, el senador por la ciudad de NY, y otros funcionarios del gobierno, así como la comunidad dominicana, que llegaban al lugar a pie, en taxi, saliendo del tren, estuvimos presentes, para también llorar en compañía esta tragedia que, aún habiendo ocurrido en República Dominicana, logró darle la vuelta al mundo. 

No solo fue Rubby, también el legendario ex beisbolista Octavio Dotel, así como el ex beisbolista Tony Blanco, el reconocido diseñador de modas Martin Polanco, la gobernadora de la provincia de Montecristi Nelsy Milagros Cruz Martínez, los camareros y camareras, los que trabajaban barra esa noche, los seguridad, el personal de limpieza, en fin, todos los presentes, conmovieron a tanta gente por su partida. 

Cuando inicié esto era el día 4 y a mediados del jueves dieron el conteo de 221 personas fallecidas, pasando a labores de recuperación de cuerpos y cerrando las labores de rescate. Para mi día 6 de este duelo colectivo, sentimiento que han mencionado los psicólogos por los cuatro vientos, fue cuando entré a la fase de rabia. Una rabia profunda y sentida por saber que tal catástrofe se pudo haber prevenido si tan solo la avaricia no fuera tan grande, si tan solo en mi amada tierra, los sistemas de regulación y los organismos competentes funcionaran por motivos de deber y de ética, y no por los pesos que se usarán para comprar el hacerse de la vista gorda. 

Hoy en mi día 7, sigue la rabia con tristeza, esperando llegue pronto la etapa de aceptación. Rubby ya ha sido enterrado con las banderas de Venezuela y República Dominicana en su ataúd, han colapsado las morgues y aun todos los cuerpos no han sido entregados a sus familiares y el dolor no ha mermado, y estoy consciente que no mermará por mucho tiempo. 

Solo deseo que esta gran pérdida traiga la gran ganancia de empujar, demandar y que se cumpla con mayor seriedad, responsabilidad y compromiso el deber de las autoridades dominicanas y las personalidades que ejercen los diferentes estilos de negocios en el país. 

Deseo también que los familiares, seres queridos y el resto de nosotros encontremos la paz y el agradecimiento, de poder haber tenido el privilegio de existir al lado de todas estas personas que ahora adornan el cielo. 

Deseo que los que siguen aferrándose a la vida, logren sobrevivir y que puedan pronto bailar y cantar de nuevo. Me llega la canción Sobreviviré de Rubby, y claro que sí, sobreviviremos como dominicanos y dominicanas resilientes que somos, llenos del amor y de la alegría que nos caracteriza, la misma que nos unió como comunidad en estos momentos de dolor. 

Hasta que nos volvamos a ver, paz a sus restos. 

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