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Caminar con una hipótesis y para aliviar

Partiendo de la creencia de que en Nueva York no se puede salir de la casa sin gastar $100 dólares, me propuse sacudirme un poco unos sentimientos algo pesados con los que cargaba, conectar con la ciudad y las cosas que disfruto de mí en ella y tomar este reto autoimpuesto de confirmar esta teoría, mientras volvía todo esto en un tipo de terapia andante. 

Hice una lista de mis gustos que me ayudara a mapear la salida: iría por un libro porque siempre navegar en palabras me cae bien, también iría de compras pues parece ser el remedio predilecto que se le acuñan a las mujeres como su máxima actividad de ocio; buscaría dónde comer, y trataría de ver el atardecer, que en estos días se la anda luciendo con un impresionante naranja. 

Era mediodía y con algunas diligencias caseras todavía pendientes, tuve que descifrar bien el orden de este asunto. Si me iba en tren a estas actividades, seguramente me perdería del atardecer, y la verdad que soy una fanática de ellos, así que el orden se descifró y a este se le atendería primero. 

Decidí hacer la primera parte de esta aventura caminando – agregado otro favorito a la lista. Desde la calle 204 y pensando en la línea del metro a la que eventualmente tendría que llegar, mi mejor opción que incluyera vista, sería tomar el Harlem River Drive. Esta avenida, con tramos para peatones y vehículos no motorizados, lleva el nombre igual que el río que le rodea y que para los Inidios Nativos Americanos, fue conocido como Muscoota. Sus casi 13 kilómetros lo lleva desde el Hudson River hasta Long Island Sound, y para mi ese día, se convirtió en una avenida bastante terapéutica con tremenda vista.

Voy caminando con mi mirada entre el frente para los árboles y el camino, y a mi izquierda para fijarme en el río, esperando que la relajación iniciara por los ojos, mientras el cuerpo se ponía en marcha.. añorando la posibilidad y los tiempos de zambullirme en casi cualquier cuerpo de agua con facilidad cuando vivía en República Dominicana.

El camino que a veces me lleva por espacios más estrechos para luego irse abriendo de nuevo, se compone de árboles con colores de otoño, personas corriendo y en bicicletas y destellos de esta ciudad en constante construcción y desplazamiento. 

Pronto recuerdo que esta avenida, que por primera vez disfruto a pie, cuando la he pasado en carro, tiene bien esparcidos los espacios para cruce de peatón. Desde la calle 204 en Inwood, termino a la altura de la calle 155. Y aunque satisfecha por estar caminando al aire libre, disipando con la naturaleza y la rápida ciudad, ya estaba cansada y todavía faltaba lista por recorrer. 

Encuentro una salida que me lleva al Highbridge Park, el cual lleva su nombre en honor al puente más antiguo. Lo subo escalón a escalón, como mejor pude, para caer en Washington Heights en búsqueda del tren 1. Aquí veo mi hermoso atardecer, deslumbrada por ver que tan bien le queda cuando le cae su luz contra los árboles y los edificios. Un alto Manhattan activo pero tímido por el frío que se asoma cada vez más presente. 

Mi parada del tren en la 72 es para ir al ítem de la lista que busca en las compras un entretenimiento a la vez de comprar algo necesitado: parte de mis pintas de diciembre. Mi destino para esto es mi preferido Bloomingdale ‘s Outlet, cargado con ropa de diseñadores a un precio mucho más accesible. Tienen desde zapatos, perfumes, accesorios y diversidad de ropa tanto para mujeres como para hombres de diseñadores como Karl Lagerfeld, Hermés, Ferragamo, entre otros. 

Entre pasillos con infinidades de estilos, voy pescando algo que me ayude a quedarme en presupuesto y tratando de obviar lo necesario no tan necesario en el momento. Me encuentro con un hermoso vestido dorado y de brillos tenues de Karl Lagerfeld, por solo $50.00 Perfecto para una cena navideña y el cual quisiera revelar más adelante. 

Nunca he sido de durar mucho entre los pasillos de infinidades de estilos, a veces interminables, de una tienda. Ya con la pieza esencial sigo con otros temas importantes: comida y libros. Chequeo google maps y me topo con 72nd Eatary y Barnes & Nobles no muy lejos de allí. Ya de noche y con mi Little Brown en mano voy cortando por las calles y el viento frío, bien distraída y a la mitad de este camino terapéutico y comprobación de hipótesis. 

72nd Eatary es un pequeño restaurante/mini market con una selección de emparedados y otros platos sencillos americanos. Me voy por un philly cheesesteak y un delicioso brownie con una coca cola de lata. Bueno el sandwich, mejor el postre. Lo podemos redondear a $20, lo cual no está mal para el tamaño y sabor de todo. Sigo en ruta y presupuesto, aunque de camino a uno de los sitios donde el segundo puede peligrar más. 

Barnes & Nobles es una de las cadenas de literatura más grande de Estados Unidos, presente en 50 estados. Se vuelve una visita fácil de matar si de libros se trata. Entras y alrededor se levantan estantes de libros para el diverso lector, de todo género, desde clásicos hasta nuevo estrenos literarios. Yo encontré y me fui con un clásico así como con uno de los autores y perspectivas más reciente en la escena: I Know Why the Caged Bird Sings, libro autobiográfico de la gran escritora y poeta Maya Angelou (que delicia leer de poetas) y Dare To Lead de René Brown, respectivamente. 

Quisiera llevarme más, que aunque las torres se alzan altas, nunca son molestas cuando de libros se trata. Camino por los pasillos, estos también buenísimos a mi atención, ya acordándome de la segunda razón de mi salida. Voy perdiéndome entre títulos, queriendo en momentos simplemente perderme en general. Una que otra lágrima mientras estoy sentada en las sillas encontradas esporadimacenes en este segundo nivel de la tienda. 

Una vez en pie, es la diversidad en los titulares los que me dan un poco de aliento, con ganas de por lo menos leerlos en un futuro. Terminé con dos libros y con el presupuesto excedido por solo $10 dólares. Cabe destacar que fácilmente podía la salida quedar en presupuesto si al cerrar con broche de hora en la librería, no me hubiera ido por una segunda ronda después de encontrar a Maya. 

En conclusión, sí una salida en NYC fácilmente te sale por $100 -y un chin más, pero bastante terapéutica también puede ser. Con una lista, objetivos claros y medidos los gustos, se puede hacer de una necesidad material, un motivo que rete a planificar, a descubrir y a conectarse con uno mismo. 

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