Este sábado estaba hecho para una sorpresa con un paseo. La misión en cuestión sería llevar a mi nena a pasar tiempo con su animal favorito – y que todavía no tenemos en casa: los gatos. La investigación me llevaba a buscar una opción que estuviera en la ciudad, y tras trazar algunas rutas en Google Maps, caímos en una perfecta en el Lower East Side.
El tren A nos lleva, casi una hora más tarde, a la calle Essex 43 donde se encuentra Cat Parlour, la primera ONG con un café con gatos en Nueva York, establecida en 2014. En la caminata, y pasando por los espacios pintados de murales y grafitis de Chinatown, nos vamos acercando al destino. Hacemos una parada técnica en un fotomatón donde mi hija saca su modelo y posa donde en todas las fotos sale bien a diferencia de mami que logró sobrevivir en algunos marcos.
Ya en las vecindades del café, y con el fin de continuar la sorpresa, me adelanto para decirle que mire las diferentes tiendas que tenemos a la izquierda, para ver si le interesaba visitar alguna vez. De tienda en tienda y pregunta en preguntar, me detengo, sin decirle que llegamos, para preguntarle qué le parecía esta en particular.
Empieza a leer el letrero como mejor el sol la deja enfocar, toma unos segundos para caer en cuenta lo que está leyendo, se asombra a la vez que se sorprende, me dice:
-Pero esto es un café de gatos, expresa ella.
-Sí, es aquí.
Se llena de sonrisas, que es de los primeros gestos que cargan mi corazón después de cada sorpresa regalada.
-Lo sabía, me dice.
Y aunque de esto es lo que siempre nos cuidamos no pase, sé bien que no tenía idea.
Cat Parlour funciona como un hogar temporal para gatos mientras son puestos en adopción. Y en este caso, le brindan la oportunidad a los visitantes y posibles interesados a pasar tiempo en un espacio para jugar y conocerse, antes de ser adoptados, si llegan a esta decisión.
Desde su fundación en 2014, la organización ha ayudado a más de 3,000 gatos, incluyendo aquellos con discapacidades, de contextos difíciles, recién nacidos huérfanos y de edad avanzada. A partir de 2018, se consolidó como un grupo independiente de rescate y adopción, colaborando con organizaciones como Animal Care Centers of NYC y otras organizaciones para rescatar y ubicar más de 400 gatos al año.
El café tiene reglas claras en pro al cuidado de los felinos. No se pueden cargar, aconsejan darle espacio si lo ven durmiendo, y con instrucciones estrictas con ciertos gatos que ya de antemano saben que son sensibles. Antes de entrar, además nos comparten el menú que incluye bebidas suaves y postres, lo podemos consumir luego de cruzar la puerta.
El espacio es mediano, bien iluminado, con estructuras para jugar y un ambiente limpio y agradable. Con pequeños detalles por doquier inspirados en los gatos, mi nena andaba de arriba para abajo detrás de estas preciosuras, muchos que dormitaban, otros que también andaban de arriba para abajo.
Luego de media hora en estas acciones, decidimos tomar un receso y pedimos un pan de guineo y una galleta de chocolate. Nos sentamos en una cabina del café, con vista a todos los gatos, para empezar por el postre. Se nos acercan los últimos minutos de la sesión de 50 (con opciones de 30 mins, 1 hora y media, etc), y nos acercamos para una última jugadita con los pequeños.
Hacemos otra parada técnica, ahora en la tienda del local, y vemos una variedad temática linda y divertida, inspiradas en los gatos. Con unos aretes que de una vez nos enganchamos, vamos de salida, ahora para comer formalmente.
Caminando por la zona, veo que ya se fueron calentando los motores para estar en las calles, con el más mínimo indicio de calor. Gloria a Dios por esta primavera. Aquí el estilo es moderno, tanto desde los locales hasta la vestimenta, que entre rockero, grunge, hippie y ecléctico, todos andan rondando por cuerpos, algunos con tatuajes y perforaciones.
En el trajín de entonces, vemos a diferentes buhoneros y se para la nena en una de ropa, que, a veces, se vuelve más importante que comer. Estas fueron las indicaciones de dónde iríamos luego.
La segunda parada es The Vintage Twin, tienda de ropa antigua y usada en un piso lleno de diversos estilos y colores. El precio acá ya son más sentidos, que van correlacionados a la mercancía. Es por eso, que aquí se puso un presupuesto bajo rápidamente, antes de que se llevara media tienda por delante y directo a nuestro hogar.
Ya si vamos a comer. Por fin! Seguimos en la zona para no desmayar, y paramos en Sticky Rice. Localizado en el 85 de la calle Orchard, entramos a este restaurante tailandés, de decoración colorida pero de luz ambiental tenue, comimos super rico. Calamari frito acompañado de una salsa picante de mayonesa, dumplings hervidos rellenos de vegetales bañados en una salsa de jengibre y de soya, y el Red Devil «Su-Ki» Noodle, plato sin gluten, en salsa secreta familiar, vegetales y semillas de sésamo. Buen precio, buen gusto.
Un día de sorpresa, de repente se convirtió en un total de 4 espacios que descubrimos y agregamos a nuestra lista de lugares para compartir. Pasear, ver la ciudad activándose después del invierno, llenarse el estómago con delicias, y usar nuestras manos para dar cariño, hizo de estas horas, unas dignas para contar.

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